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El Chancellor.
—Yo siempre estoy dispuesta, caballero, me responde la valerosa jóven, que vuelve inmediatamente al lado de Mrs. Kear.
Andrés Letourneur sigue á la jóven con la vista, y se pinta en su semblante un sentimiento de tristeza.
Hacia las ocho de la noche está casi terminada la armazón de la balsa; en seguida se trabaja en bajar á ella barriles vacíos y herméticamente cerrados destinados á asegurar la flotación del aparato y que deben sujetarse sólidamente á los maderos de repuesto.
Dos horas después se oyen grandes gritos en la toldilla.
Mrs. Kear se presenta gritando: —¡Que nos hundimos, que nos hundimos!
Inmediatamente veo á Miss Herbey y a Falsten que llevan en sus brazos á Mrs. Kear desmayada.
Roberto Kurtis corre á su camarote y