y ,vuelvo á subir á la gavia mayor donde los Lotourneur, miss Herbey Falsten y yo permanecemos hablando durante algunas horas. El sol da un calor insoportable, y sin la vela que nos sirve de tienda no podríamos estar alli.
A las cinco tomamos en comunidad una comida que se compone de bizcocho, carne seca y medio vaso de agua por persona. Miss Kear muy abatida por la fiebre no come. Miss Herbey no puede hacerle sentir alivio más que humedeciéndole de cuando en cuando los lábios ardientes; la infeliz mujer padece mucho y creo que no podrá sufrir largo tiempo tantas desgracias.
Su marido no se ha informado ni una sola vez de su situación. Sin embargo, hácia las seis de la tarde me parece observar algún buen movimiento en el corazón de aquel egoista, porque Mrs. Kear llama á varios marineros del castillo de proa y les ruega que le ayuden á bajar de la gavia de mesana. ¿Querrá sin duda