más que una azumbre que ha sido puesta en lugar seguro á popa de la balsa.
Hoy 7, á las siete y media de la tarde, uno de nosotros ha dejado de existir: no somos ya más que catorce. El teniente Walter ha espirado en mis brazos, y ni los cuidados de miss Herbey ni los míos han podido hacer nada en su favor......
Sus padecimientos han cesado.
Algunos momentos antes de morir Walter nos ha dado gracias á miss Herbey y á mí con una voz que apenas podíamos oir.
—Señor Kazallon, ha dicho dejando caer de su mano temblorosa una carta arrugada, esta carta...de mi madre...no tengo fuerzas...es la última que he reci bido... Me dice: "Te espero, hijo mío, y quiero volverte á ver." No, madre, no me verás más. Señor Kazallon, esta car ta... póngala usted en mis labios...así, así...para que muera besándola...¡mi madre!...¡Dios mío!...