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Página:El Chancellor (1895).pdf/325

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Biblioteca de la Defensa.

mitir en vista de una elevación tan sostenida que la balsa ha sido arrastrada considerablemente hácia el Sur.

En cuanto á la tierra, ni siquiera tratamos de observar si existe; parece que el globo terrestre no es más que una esfera líquida: siempre y por todas partes este Océano infinito.

El 10 la misma calma y la misma temperatura. Es una lluvia de fuego que nos envía el cielo, es aire inflamado el que respiramos. Nuestra sed es irresistible y llegamos á olvidar los tormentos del hambre, suspirando con furiosos deseos por el momento en que Roberto Kurtis distribuya las pocas gotas de agua de nuestra ración. ¡Ah, cómo deseamos beber hasta hartarnos, aunque debiésemos agotar nuestra reserva y morir después!

En este momento, las doce del día, uno de los compañeros acaba de ser atacado de dolores agudos que le arrancan gritos.