rebros agitados de un solo pensamiento.
Desde que las nubes tempestuosas nos han dado media hora de lluvia el cielo ha vuelto á quedar despejado; el viento ha refrescado un instante, pero pronto se calma y la vela cuelga á lo largo del mástil; por lo demás ya no consideramos el viento como un motor. ¿Dónde está la balsa? ¿A qué punto del Atlántico la han empujado las corrientes? Nadie puede decirlo, y así nos es indiferente que el viento sople del Este ó del Norte ó del Sur. No pedimos más que una cosa á esta brisa, y es que refresque nuestros pechos, que mezcle un poco de vapor con el aire seco que nos devora y que temple este calor, que desde el zénit nos envía un sol de fuego.
Empieza á anochecer y la noche será oscura hasta las doce, hora en que saldrá la luna, que entra en el cuarto menguante, Las constelaciones, un poco cubiertas