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Página:El Chancellor (1895).pdf/384

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El Chancellor.

Las carcajadas redoblan, pero no levanto la cabezaembargo, algunas Poco me importa: sin palabras incoherentes llegan hasta mí.

—¡Una pradera, una pradera! árboles verdes y una taberna debajo de los árboles. ¡Pronto, pronto! ¡aguardiente, ginebra, agua, agua, aunque valga á doblón la gota, yo pagaré; tengo oro, tengo oro!

¡Pobre alucinado! Todo el oro del Banco no te daria una gota de agua en este momento.

Es el marinero Flaypol, que acometido de delirio exclama:

—¡La tierra, la tierra está alli!

Esta palabra galvanizaría á un muerto. Hago un esfuerzo doloroso y me levanto. No hay semejante tierra: Flaypol se pasea por la plataforma, rie, canta y hace señales mostrando una costa imaginaria, Cierto que le faltan las percepciones directas del oído y de la vista, pero