Todavía es tiempo; el asesinato no se ha cometido aún. La víctima no ha podido ser herida. Roberto Kurtis y Andrés han luchado contra esos canibales, y en el momento en que iban á sucumbir es cuando se ha oído mi voz.
La Lucha cesa. Las palabras "el agua es dulce", repetidas por mí, resuenan por todas partes. Me inclino fuera de la balsa y bebo ávidamente á grandes tragos.
Miss Herbey, la primera, sigue mi ejemplo, Roberto Kurtis, Falsten y los demás, se precipitan hácia esa fuente de vida. Todos hacen lo mismo: las bestias feroces de hace un momento levantan los brazos al cielo; algunos marineros se persignan gritando: ¡milagro! Todos se arrodillan al borde de la balsa y beben con delicia. El éxtasis ha sucedido al furor.
Andrés y su padre son los últimos en imitarnos.
—¿Pero dónde estamos? exclamo.