mientras Ruby se encogía de hombros manifestando indiferencia.
En breve llegaron nuevas palabras hasta mí.
—Sí, sí, dijo Falsten, es preciso advertir al capitán; es preciso arrojar esa caja al mar; no tengo maldita la gracia de volar por los aires, ¡Volar! me levanto al oir estas palabras.
¿Qué quiere decir el ingeniero? ¿á qué aluden? No conoce la situación del Chancellor é ignora que el cargamento está devorado por un incendio.
Pero una palabra, palabra espantosa en las circunstancias actuales, me hace dar un salto. Aquella palabra, ó mejor dicho, aquella frase es, picrato de potasa, frase que se repite muchas veces en la conversación.
En un instante me acerco á los pasajeros é involuntariamente con fuerza irresistible asiendo á Ruby por el cuello le digo: