tal vez á entreabrirse bajo los pies, se desmoralizaria, no se la podría contener y huiría á toda costa.
El segundo, el ingeniero Falsten y yo somos los únicos que sabemos la terrible complicación que se une al incendio y es preciso que seamos los únicos en saberlo.
Cuando se restablece el orden, Roberto Kurtis y yo nos reunimos con Falsten en la toldilla. El ingeniero se ha quedado allí con los brazos cruzados pensando quizá en algún problema de mecánica en medio del espanto general. Le recomendamos que no diga una palabra de la nueva complicación debida á la imprudencia de Ruby.
Falsten promete guardar secreto. En cuanto al capitán Huntly, que ignora todavía la terrible gravedad de la situación, Roberto Kurtis se encarga de de cirsela.
Pero antes es preciso asegurar la per-