Roberto Kurtis despliega toda la tela posible, é impulsado por aquel viento del Nordeste que va refrescando cada vez más, el Chancellor marcha con rapidez.
Ya hace catorce días que se ha declarado el incendio. y sus progresos son incesantes porque no hemos podido com batirle, Ahora la maniobra es cada día más difícil á bordo. En la toldilla, cuyo pavimento no está en relación inmediata con la bodega, se puede todavía estar; pero en el puente hasta el castillo de proa es imposible andar ni aun con calzado fuerte. El agua no basta ya para refrescar aquellas tablas lamidas por el fuego, y que se arrufan sobre sus barrotes. La resina de la madera de abeto se encoge alrededor de los nudos, las costuras se abren y la brea liquidada por el calor corre por el puente haciendo cat prichosos dibujos según las exigencias de los babances.
Para colmo de desdicha, el viento salta bruscamente al Noroeste y sopla con