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El Japón

El asunto propuesto en el último concurso era: "La flor del ciruelo en el año nuevo" y la justa fué brillantísima.

Pero ¿cómo expresar en español estos delicados poemas cuyo encanto es más frágil que el ala de una libélula? La musa japonesa calza un coturno más estrecho aún que el más pequeño zapatito chino. El molde casi único, en el que hay que vaciar el pensamiento, obliga á una terrible concisión: el conjunto no tiene más que cinco versos que forman, en total, treinta y un pies. Traducido, en prosa, se desvanece todo su encanto.

He aquí la traducción de los versos del Emperador, traducción que no puede dar sino una idea pálida de su belleza:

El año despunta obscuro,
la nieve vela la aurora,
El cielo, vuelve á ser azul,
porque el ciruelo acaba de florecer,
Y su dulce perfume lo implora.

La emperatriz Harou-Ko, que tiene reputación de ser una poetisa incomparable, trató del modo siguiente, el tema propuesto:

En el parque todo blanco
de Tchiyoda, ¿qué es lo que
el primer día del año
sonríe desde el alba triste?
Es la flor del ciruelo rosa.


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