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— que aunque al enfermo le doliesse la cabea, le hazia creer que era la mano, o el pie: el mundo se iba tras el, y eran tantas las curas, que de ordinario hazia, que su fama se estendio por España, y de toda ella lo enbiaban a buscar: a la ora de su muerte confeso a vn amigo suyo el modo que en curar tenia, y dixo que pensaua hauer cumplido bien con su oficio, y mejor que los otos, porque el dexaba en las manos de Dios, y de la suerte, el sauer la enfermedad, y la medicina propria para ella, mas que los otros, o con malicia, o con ignorancia mataban muchos hombres.
D. A. Dios me libre de tal gente: lo peor que ay es, que mal que nos pese hemos de venir vn dia a caer en sus manos.
D. M. A doña Ysauel de Medrano ha pensado matar vn medico, con una purga.
D. A. Esta en esta ciudad ?
D. M. Como si esta? v. m. se desayuna aora de eso?
D. A. No ha sino quatro dias que me dixo su suegra hauia receuido cartas, que no vendrian en seys meses.
D. M. Verdad es que su hijo asi lo escriuio, y vrdio, pero vno piensa el vayo, y otro quien lo ensilla.
D. A. Cuenteme v. m. lo que pasa que me tiene suspensa.
D. M. V. m. saue bien los altivaxos que en este casamiento huuo, y la contradicion de los parientes de Doña Ysauel, porque conocian bien que Don Martin Nuñez seria siempre el mesmo, que Quien malas mañas ha: tarde, o nunca las perdera, y Quien ruyen es en su villa: tambien lo sera en Seuilla, y aun Quien hace vn cesto hara cieto. Finalmente se casaron, y acabada la boda, y torna