rústico, del sabio y del niño, siempre ostentando do nosura, lozanía y esbelleza.
Los Libros Sagrados nos saldrán fiadores, en primer término, del supuesto que acabamos de sentar, así por la veneracion que se merecen, cuanto por la antigüedad á que se remontan. Dejando á un lado El Génesis, Los Números, Los Reyes, etc., con sólo fijar nuestra atencion, por lo que respecta al Antiguo Testamento, en El Libro de los Proverbios, arsenal abundantísimo, rico minero de máximas y sentencias las más provechosas al bienestar moral, social y aun material del hombre, y, tocante al Nuevo, en Los Santos Evangelios y Epistolas de San Pablo, tenemos materia más que suficiente para acreditar el abolengo de que
El temor de Dios es el principio de la sabiduría; (Proverb. I, 7.)
La mujer hacendosa, corona cs de su marido; (Ibid. XII, 4.)
Mejor es un bocado de pan seco con gozo, que una casa llena de reses con pendencias[1]; (Ibid. XVII, 1.)
Mejor es el buen nombre que muchas riquezas; (Ibid. XXII, 1.),
Ninguno puede servir á dos señores; (Mat. VI, 24.)
Quien abrojos siembra, espinas coge; (Id. VII, 16.)
- ↑ Este proverbio lo ha vulgarizado nuestro pueblo diciendo: Más vale vaca en pas que pollos con agras.