Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja, que no que se salve un rico; (Id. XIX, 24.) A Dios lo que es de Dios, y al César lo que del César; (Id. XXII, 21.) Vemos la paja en el ojo ajeno, y no la viga de lagar en el nuestro ; El que (Id. VII, 3.) al altar sirre, del altar tiene que comer; y, últimamente, de (S. Pablo. 1. á los Corintios, IX, 13.) Mejor es casarse que abrasarse.
(Ibid. VII, 9.) Complemento forzoso de aquéllos son los escritos de los PP. de la Iglesia y de los Maestros de la Teología, y en sus páginas abundan sentencias del mayor interes; v. gr.: Todo lo vence el amor.
(S. Jerónimo.) Ninguno puede ser juez en causa propia.
(S. Cipriano.) Por eso vale el oro mucho, porque escasea.
(S. Agustin.
Quien no es bueno para sí, cómo lo será para ótro?
(S. Bernardo.) La caridad bien ordenada empieza por úno mismo.
Quien quita la ocasion quita el pecado.
(Id.) (Teología.) Hasta el Catecismo de la Doctrina Cristiana ha