D. Francisco de Vargas, su alcalde de Corte; resultando de aquí, que siempre que franceses y españoles pretenden desentenderse de la averiguacion ó desenlace de cualquier asunto por complicado en demasía, apelan, aquéllos, al expediente de Laissez faire á George, il est homme d'ge; y éstos, al de Averigüelo Vargas.
Otro tanto sucede con los dos hechos históricos que procedemos á comparar entre sí por fin y postre de aqueste párrafo, hechos cuya existencia advertimos al consignarlos aquí que, por una mera casualidad, es respectivamente coetánea á los dos últimos que acabamos de parangonar.
En tiempo de los Reyes Católicos sucedió que al leer á D. Diego Osorio la sentencia de muerte que había de cumplirse en su persona al dia siguiente de notificada, fué tal el sobresalto y la congoja que se apoderó de su corazon, que en aquella misma noche se tornaron repentinamente blancos sus cabellos; de donde quedó por proverbio en nuestra nacion Las canas de D. Diego Osorio, cuando se pretende dar á entender que algun sujeto ha encanecido ántes de tiempo, por efecto de sinsabores, penas y disgustos.
Igualmente acaeció en tiempo de Francisco I de Francia, que habiendo sido sentenciado á ser decapitado Juan de Poitiers, señor de Saint—Vallier, padre de la célebre Diana de Poitiers, áun cuando alcanzó indulto momentos antes de ejecutar el verdugo su ministerio, fué tal el pavor que le sobrecogió al escuchar