porque en el primer caso, nos saldría al encuentro más de un beatus vir que siendo buen cristiano no habia inventado sin embargo la pólvora; y en el segundo, se levantaría de su tumba D. Alvaro de Luna certificando de lo contrario con sus últimos momentos en la plaza pública de Valladolid. ¿Cómo se deben entender, pues, debidamente entrambas referidas sentencias? La primera, que siendo la sabiduría del mundo estulticia á los ojos de Dios, en frase de San Pablo (1), por tanto Es La ciencia calificada que el hombre en gracia acabe; Porque al fin de la jornada, Aquél que se salva, sabe, Que el ótro no sabe nada; y la segunda, que cuando los malvados empuñan las riendas del poder ó poseen cuantiosos caudales, quedan regularmente impunes, á diferencia de los pobres y desvalidos, y en ocasiones inocentes, por mil y quinientas razones que, saltando á los ojos de tódos, no es del caso especificar.
Por lo que atañe al otro supuesto arriba sentado, referente á que fuerza es no perder de vista que si bien no tienen hoy razon de sér ciertos refranes por haber desaparecido las causas que motivaran su creacion, no por eso dejaron de ser ménos verdaderos en tanto que subsistieron aquéllas, con sólo citar un ejemplo tendremos lo bastante para quedar altamente sa(4) 1. á los Corint., III, 19.