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Página:El Refranero general Español - IA elrefranerogener01sbaruoft.djvu/70

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sion con tantos hombres doctos, aseguro á Usendísima he advertido más de una vez á varios Padres maestros doctísimos de todas las religiones, censurar mucho á los predicadores que usan de los refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los más templados dicen que es una insulsisima puerilidad; otros se adelantan á calificarlo de insigne mentecatez; y aun no faltan algunos que lo llaman frenesí, locura, profanacion del púlpito, y otras cosas de este modo: yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi profesion, es asegurar á Usendísima, que jamás entendí, leí ni oí que otros entendiesen por el nombre de adagios, en cuanto fuente de la invencion oratoria ó retorical, lo que entiende Usendísima, esto es, los refranes populares. Pues ¿qué se entiende por el nombre de adagio? replicó Fray Gerundio. Voylo á decir, respondió D. Casimiro.

«« Adagio ó proverbio (que todo es uno), es una sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras, sacada como del sagrado depósito de la filosofía moral: Proverbium est verbum dignitatem habens, et tanquám é sacro philosophiae, unde antiquitatem trahit, depromptum, aequo, gravi, et pulchro aspectu. Por eso Hamó Aristóteles á los proverbios, « preciosas reliquias de la venerable antigüedad preservadas en la memoria de los hombres de la lastimosa ruina que padeció la verdadera filosofía, debiendo esta preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia.» Cúm proverbia dicant Aristoteles at veteres philosophi, inter máximas hominum ruinas, intercedentes quasdam reliquias ob dignita-