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Página:El Refranero general Español - IA elrefranerogener03sbaruoft.djvu/12

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— VIII —

tranjeras, en fuerza de su irresistible aficion á cuantas invenciones y embelecos nos vienen de allende los Pirineos.

Y dice: Yo conoci en Madrid á una condesa que aprendió á estornudar á la francesa: y porque otra llamó á un criado chulo, dijo que aquel epiteto era nulo, por no usarse en París aquel vocablo: que otra vez le llamase pobre diablo; y en haciendo un delito cualquier page le reprendiese su libertinage.

Una mujer de manto no ha de llamar al Papa el Padre Santoporque, cuadre ó no cuadre, es más frances llamarle Santo Padre.

Para decir que un libro es muy devoto, diga que tiene uncion, y tendrá voto de todas cuantas gastan expresiones necesitadas de tomar unciones.

Al nuevo Testamento, (este es aviso del mayor momento) llamarle así es ya muy vieja usanza: llámase á la derniére nueva alianza.

Al Concilio de Trento ó de Nicea désele siempre el nombre de Asamblea, y si se quejan de esto los malteses, que vayan con la queja á los franceses.

Logro la dicha, es frase ya perdida: tengo el honor, es cosa más valida.

Las honras que usted me hace, es desacierto; las honras se me harán despues de muerto.

Llamar á un pisaverde, pisaverde, no hay mujer que de tal nombre se acuerde; petimetre es mejor y más usado, ó por lo menos, más afrancesado.