tranjeras, en fuerza de su irresistible aficion á cuantas invenciones y embelecos nos vienen de allende los Pirineos.
Y dice: Yo conoci en Madrid á una condesa que aprendió á estornudar á la francesa: y porque otra llamó á un criado chulo, dijo que aquel epiteto era nulo, por no usarse en París aquel vocablo: que otra vez le llamase pobre diablo; y en haciendo un delito cualquier page le reprendiese su libertinage.
Una mujer de manto no ha de llamar al Papa el Padre Santoporque, cuadre ó no cuadre, es más frances llamarle Santo Padre.
Para decir que un libro es muy devoto, diga que tiene uncion, y tendrá voto de todas cuantas gastan expresiones necesitadas de tomar unciones.
Al nuevo Testamento, (este es aviso del mayor momento) llamarle así es ya muy vieja usanza: llámase á la derniére nueva alianza.
Al Concilio de Trento ó de Nicea désele siempre el nombre de Asamblea, y si se quejan de esto los malteses, que vayan con la queja á los franceses.
Logro la dicha, es frase ya perdida: tengo el honor, es cosa más valida.
Las honras que usted me hace, es desacierto; las honras se me harán despues de muerto.
Llamar á un pisaverde, pisaverde, no hay mujer que de tal nombre se acuerde; petimetre es mejor y más usado, ó por lo menos, más afrancesado.