muchachos ni doncellas. Mas los primeros que de tales medios se valieron, ¡ habíanlo por ventura aprendido de las comedias? ¡Es bueno esto á fe de Crispin!
Como si hoy dia ni las doncellas, ni los muchachos, ni los que no son úno ni ótro necesitasen de calabazas para nadar; nó, señor, ni yo quiero confesar tal gravadura, ni tal perversion de costumbres por las comedias: yo no he reparado en ningúno que se haya perdido por ellas; muy al contrario, los muchachos y las doncellas que frecuentan mucho el teatro, se hacen más listos, más expertos y más hábiles en todas materias, de manera que al fin no ignoran nada.
De úno y de otro soy yo muy buen ejemplo, y no lo es menos toda mi familia, que á excepcion de la sosa de mi Felipa, tódos, gracias a Dios, han sido muy asistentes al teatro. Llevo dicho ya lo que á mí me sucedió cuando mozuelo; y como me case, y en buena hora lo diga, no me ha sucedido por ello ningun mal notable; pues aun que haya perdido muchas horas de trabajo en una semana por ir á los corrales, no por eso me ha faltado con qué pagar las entradas en la siguiente, que primero faltaría para la camisa.
Mi sobrina Antonia estuvo sirviendo con una señorita, que tambien era aficionada como ella; y á fe, á fe que, sin embargo de que su ama era una pava, la supo sacar con garbo de todos los lances de comedias que se le ofrecieron en la ventana, en la calle, en el zaguan y áun en lo más interior de la casa; y en verdad que muy bien salió su ama casada con un cadete, cuando menos se pensaba, y su padre gruñó, regañó y atronó el mundo, pero muy bien se alegró cuando dentro de pocos meses se vió con un nieto en los brazos; cierto es que á mi sobrina la echaron de la casa, y que los vecinos murmuraron cuanto qui-