dos ingenios que puedan pasar por medianos. Tódos estamos ciegos de amor propio, y no me exceptuo yo de esto, porque le confieso á V. que mis composiciones son á mis ojos las mejores del mundo. Pero ¿qué he de hacer, si en mirando á las obras de los demás, no veo sino absurdidades? Digolas para que se enmienden, y me complazco en las mias que no necesitan de tal correccion; á tódos ofrezco mi parcialidad y cortesanía, á tódos ofrezco razones; pero ¿qué razones he de dar, si á mis ojos no las merecen? Ni ¿qué cortesanía he de usar, cuando yo no sé por cual especie de fatalidad sucede, que siendo los literatos los que enseñan las leyes del decoro, son los que las suelen observar ménos? Añádase á esto que, segun yo creo, aunque no me he metido en probarlo como ninguna de mis sátiras, jamás ha habido mayor número de poetas, y jamás se han escrito peores poemas; porque créame usted, amigo, si nó yo, tódos son unos ignorantes, unos..... — Escandalizábame yo de oirle rajar así contra todo el mundo, y no dejando que prosiguiese, le dije: Bástame á mí de media vez que V. lo diga, señor licenciado; y perdone V. que le ataje la buena palabra; mas las obras que yo aqui llevo, no son hechas ahora, sino que se van á reimprimir ahora con el aseo que merecen.—Veamos, veamos esas obras que merecen reimprimirse y con aseo.....— — Y arrebatóme de las manos los papeles.
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