CAPÍTULO X.
Empero yo, que deseaba tener una buena aprobacion de mi empresa, y para solicitarla con mejor éxito, hice sacar otra copia de las comedias elegidas, sin incluir las malditas notas, que no me parecía conveniente presentar ante quien desearía yo que me elogiase la obra; dió la desgracia que el sujeto que me indicaron no estaba á la sazon en la Córte, y era menester entenderse por cartas; pero de tal manera me informaron de D. Sincero Veraz (esta era su gracia), que no dudé más, y no me detuve en escribirle luégo que estuvo hecha la copia.
Era mi D. Sincero, segun los informes, un hombre á medio traer, como suele decirse, ni bien viejo, ni bien mozo, de genio, aunque retirado, muy complaciente, y en extremo trabajador y aplicado á las letras; que en cuanto á si es ó no es instruido, él se lo sabrá allá, ó lo sabrán los que hayan visto sus obras, que yo no entiendo de eso, y no sé hacer juicios de las cosas ocultas. Pero lo que más me llamaba la atencion es el saber que ha sido aficionado y promovedor de las cosas teatrales, y quizá la persona que, entre