CAPÍTULO XI.
TAN complacido me dejó esta carta por un lado, como frio por ótro: tres ó cuatro veces sentí una especie de calofrios que parecían preludio de tercianas; y por fin, ella se acabó de leer, y yo me quedé tan callado como una estatua. Todos los de casa se miraban únos á ótros, y ningúno se atrevía á romper el silencio, hasta que un estudiantito, que sola ir á que mi Antonia le diese algunas lecciones de representado y de bailar la tirana, y en esta ocasion nos había servido para leer la carta, porque en letra de mano nunca ha estado mi Juan muy diestro, rompió oportunamente el silencio, y dijo: ¿qué es esto, señores? Deseábase con ansia esta carta, y apenas ha venido, parece que ha quitado á tódos el habla. Sin embargo, me parece que no hay en ella motivo para tanta confusion. Pidió V., señor maestro, á este D. Sincero que diese su aprobacion ó dictámen sobre la obra de