Es fácil de comprender, despues de este proverbio europeo, el proverbio de los caribes que cita M. Humboldt: Nosotros solos somos pueblo, los demas hombres son para nuestro servicio.
Echemos una rápida ojeada sobre los conquistadores de estos fieros salvajes. Los españoles decían en el siglo XVI: La guerra es la fiesta de los muertos.
¿Quién no reconocerá igualmente el genio sufrido y grave del mismo pueblo, movido por el dogma de la fatalidad, dogma recibido de los moros y transmitido hasta nuestra época por las palabras de un estoicismo lisonjero: Pues la casa se quema, calentémonos tódos?
Pero veamos hasta dónde llega la arrogancia castellana: En los ojos y en la frente se lee el corazon.
Y descendiendo ahora á la pintura interior y á los detalles de la vida privada, ¿no se echa de ver la vanidad del hidalgo que no tiene otra cosa que su capa y su espada, en esta antigua máxima andaluza, inventada indudablemente por algun linajudo: Sirve al noble aunque sea pobre, pues tiempo vendrá en que te pagará?
Toda la austeridad filosófica de los franceses del siglo XVI se encierra en esto: El más rico sólo se lleva una sábana al morir;