comprende, el alma entiende; todas las verdades de las ciencias físicas y de la psicología pueden hallarse en los proverbios. De este modo el buen Sancho acostumbra á decir, gracias á un refran: Más vale un dia del discreto, que toda la vida del ignorante; lo cual, dicho sea de paso, no es otra cosa que la apreciacion de las capacidades.
Sería algo difuso probar cómo la geología, la astronomía y la fisiología reciben brillantes aclaraciones de los proverbios. El célebre Mateo Laensbergh, que no dejó de ser el más célebre matemático de Lieja, es de este parecer: pero lo cierto es que el Gran Diccionario de las ciencias médicas, con todas sus notabilidades aún no ha podido destronar la doctrina de la escuela de Salerno, tan natural en sus recetas y fácil en su régimen, que con tal escuela puede úno dejar de temer el cólera—morbo. ¿Qué nos pueden decir las comisiones médicas para preservarnos de esta enfermedad, que no se dijese en el año del Señor 1099 por aquella docta asamblea que unió afortunadamente la poesía á la medicina, y la medicina á la poesía?
Supuesto que hemos hecho mencion de la poesía, véase si en este momento no pudiéramos sacar partido del proverbio español: Más vale un puñado de natural, que dos manos llenas de ciencia.
¡Oh buen Sancho! si tú no lo has dicho, así lo sentías; y esto ha contribuido no poco á darte la gloriosa inmortalidad de que gozas y gozarás eternamente.
A propósito de la inmortalidad, no encuentro más que un proverbio de la antología griega, que pueda poner acordes entre sí á Wolf y Mr. de Fortia d'Uran, Schubart y Tiersh, á los partidarios exclusivos de Diascevastes y de Chorizon-