APÉNDICE II.
Llevado de mi curiosidad, me arrimé á leer un cartelon muy grande, en el que ví á mucha distancia impreso el nombre de Sancho Panza; reconocí que servía para publicar las Instrucciones económicas y políticas que habia dado á su hijo, siendo gobernador de la Insula Barataria, y que, por añadidura, tenía aquello de útil para los doctos, y necesaria para los ignorantes.
Confieso ingenuamente que el cartel me hizo formar una idea grandisima de la obra que anunciaba; ayudándome á ello la pasion vehementisima que tengo á la Historia de D. Quijote, en la que, siempre que la leo, encuentro un deleite grande, especialmente en aquella natural y senciIla agudeza con que Sancho se explica en toda ella. Yo así la comprendo; ótros juzgarán de diverso modo.
Los repetidos chascos que había experimentado, comprando algunos libritos publicados con el mismo aparatocreyendo hallar en ellos alguna utilidad ó provecho, me habían hecho formar el firme propósito de no comprar ótro; pero el amor que á Sancho Panza profeso, me obligó á darlo por nulo; y sin reflexionar en mis necesidades, que no son pocas (desatendiéndolas tódas por hacerme con una obra que me había figurado gustosa), me dirigí á las gradas de San Felipe el Real con el fin de comprarla. Pregunté por el puesto en que se vendía, é informado, me encaminé á él, y la pedí.
Cuando ví su volúmen, quedé como hombre acometido