—Ya te he dicho que no lo entiendes, dijo D. Quijote; has de saber que en el mundo ha habido, hay y habrá tres clases de escritores. Únos escriben con el fin de instruir; ótros, por hacer su nombre inmortal; y ótros, por ganar dinero, y son los más. En estas clases de autores hallarás buenos, medianos y malos. En los que escriben por el interes, es tanta la abundancia de estos últimos, que han llegado á hostigar á todos los aficionados á los libros, tanto, que apenas se determinan á comprar ótro que los de aquel autor á quien ya conocen por otras producciones que le han granjeado la estimacion general. Éste no encubre su nombre, ni va á los sepulcros á arrancar algúno de los que descansan, y gozar la misma estimacion. Solamente lo hacen aquellos escritores malos, que no pueden vender con el suyo los libros que han dado á luz; y así se valen de estas patrañas para engañar y seducir á que los compren, aprovechándose del nombre de aquéllos que más fama tienen. Vé aquí lo que sucede al autor de este papelito. Él ha visto con sus mismos ojos, y ha oido con sus mismas orejas los muchos elogios que han merecido, merecen y merecerán los refranes que de tu boca salieron, y que escribió fielmente Cide Hamete Benengeli, y dió á luz Miguel de Cervantes; se ha aprovechado de aquella vehemente pasion que tuviste á ellos y que yo contuve. Movido de su interes, no le pareció que te ofendía en poner en tu boca ó publicar en tu nombre todo ese almacen de ellos, que guardaba en la memoria; y asi, no sólo no debes inquietarte, sino que debes estarle agradecido.
Sólo hay un inconveniente en estos hurtos que se hacen sin malicia, y es. la averiguacion de cuáles son las verdaderas obras de los autores, que tanto fatiga á los críticos.
Me explicaré más claro para que me entiendas. Supongo que nuestra historia, escrita por Cide y dada á luz por Cervantes, se conserve dentro de mil años, y que á este papel le suceda lo mismo. Los sabios que en aquel tiempo baya leerán la primera, y verán en ella un Sancho perfecto