humilde, reconociendo á cada uno su genio, y procurando aplicar la triaca adonde estuviere el veneno, condescendiendo algunas veces con el deseo del pueblo, con tal que no sea en cosas absolutamente prohibidas: seré grave en las palabras, mesurado en el semblante; miraré bajo, audaré sosegado, seré parco en la comida y honesto en el vestido. En cuanto á querer remediar todos los abusos y desórdenes, es cuasi imposible á las fuerzas humanas; mas yo tomaré las cosas con tiempo, y asi como otros gobernadores hacen poner la ene de palo, esto es, la horca, para castigar los delitos, yo la haré poner tambien para precaverlos, aunque en todo obraré con prudencia y discrecion, y me iré con piés de plomo, porque mi empleo es de señorío, y no se me oculta que serán protegidos los culpados, y me harán costar la torta un pan, porque en tierra de señorío, almendro y guindo; y en tierra real, moral y nogal: salga lo que saliere, he de hacer lo que me dicte mi conciencia tomando consejo de hombres doctos y virtuosos cuando sea necesario; no se ha de decir de mí que pregono vino y vendo vinagre, ni ménos que tengo la fama y otros cardan la lana; ya verán que no es caballero el que nace, sino el que sabe serlo, y que no gusto el que me exahúmen con incienso los oidos, ni que me alumbren con luces de oro, ni con prendas de gallego que valen dinero, porque conozco muy bien cuán perjudiciales son estas cosas á los sujetos de autoridad: todo esto es contra el torrente comun, pero aunque sea locura no disfrutar la fortuna, como el sol en invierno, mientras dura, no quiero dar oidos á los que me dicen, viva la gallina con su pepitaque quien al cielo escupe, á la cara se le vuelve, que no es cordura llevar las cosas por rigor, que es mejor
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