PRÓLOGO.
Una impugnacion de ocho páginas me ha obligado á escribir esta Apología que ocupa un tomo; pero no lo extrañará quien repare que es muy fácil y muy breve llamar á algúno, por ejemplo, judío ó morisco, y que no es tan fácil ni tan breve probar el ofendido que es cristiano viejo. Aquello no cuesta más que decirlo en dos palabras absolutas; y esto cuesta revolver papeles antiguos, hacer informaciones, y escribir mucho para probar la verdad. Estoy persuadido á que el tiempo que se emplea en censuras y defensas literarias, se emplearía mejor en componer otra obra de más sustancia y utilidad; pero, cumpliendo con lo que dicta la razon y el pundonor, no me ha parecido decente ni justo desentenderme de cargos dirigidos á mí, y expuestos por un caballero que, cuando los ha impreso autorizados con su nombre y apellido, es regular esté esperando alguna pronta satisfaccion."
Así se explicaba á fines del pasado siglo el eruditisimo D. Tomás de Iriarte, al frente de su obra intitu-