«Non fuyan las vuestras mercedes, nin teman desaguisado alguno, ca á la órden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle á ningúno, cuanto más á tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran.» (1. 2.) «Bie parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero non vos lo digo por que os acuitedes ni mostredes mal talante, que el mio non es de ál que de serviros. » (I. 2.) «Y al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire: Nunca fuera caballero de damas tan bien servido, como fuera Don Quijote cuando de su aldea vino: doncellas curaban dél, princesas de su rocino, ó Rocinante, que este es el nombre, señoras mias, de mi caballo, y Don Quijote de la Mancha el mio: que puesto que no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote ha sido causa que sepais mi nombre ántes de toda sazon.» (I. 2.)
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