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Página:El Refranero general Español - IA elrefranerogener06sbaruoft.djvu/36

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Hase dicho, y con bastante acierto, que el traductor debe imitar á un viajero, quien por conveniencia propia, ó por necesidad, cambia á veces una moneda de oro por varias de plata que equivalgan á aquélla; y otras, al contrario, várias de plata por úna de oro.

En efecto, al traductor castellano que tropiece en latin con el verbo patrissare, le convendrá emplear un circunloquio diciendo que el hijo de quien se trata se parece á su padre, ya en las facciones, ya en su modo de conducirse, ó en ambos supuestos á la vez, dado que el verbo padrear ó patrizar no se usa actualmente en nuestro idioma, como antiguamente, en la significacion que conserva en la lengua del Lacio; y si se tratára, v. g., del idioma frances, y en su lectura topára el traductor con que tal ó cual persona revint sur ses pas, no tendría más remedio que decir en castellano como retrocedió, resumiendo aquellas cuatro palabras en sola úna.

Pues no digo ahora nada de los infinitos casos que se presentan á cada momento, en los cuales exige la conveniencia que se trueque una afirmacion por una negacion, un género por su contrario, una parte de la oracion por otra, etc., etc., etc. Pruébenlo, entre otros muchos, los siguientes ejemplos tomados de la lengua francesa y comparados con la nuestra: A cela, il ne dit mot.......

L'heureux de ma position.

Son regard de travers......

Callóse á esto.

Mi posicion ventajosa.

Su mirar atravesado.

Uno de los objetos que deben reclamar preferentemente la atencion del traductor, es el estudio de los modismos, ó séase el tratado de la propiedad de las voces, el cual no permite que ciertas palabras ó fra-