diendo, o preparado para arder), palillos (por castañuelas), orin u orines, (por orina), y otros cuantos miles más de voces y acepciones (ahí es un grano de anis) usadas por grandes y chicos, nobles y plebeyos, académicos é iliteratos juntamente, eche de ver que tales palabras y significaciones brillan por su ausencia en los columnas del diccionario oficial (1).
Sea de ello lo que quiera, el catálogo siguiente, que no es completo ni mucho menos, responderá de la verdad de mi aserto.
(1) No por hacer alarde de erudicion, sí sólo por satisfacer los que, conociendo mi actitud hostil á todo lo que huela á galicismo, pudieran tachar de galicana la locucion que promueve esta nota, y, ainda mais, por tratarse de una frase proverbial no prohijada por nuestros diccionarios, se me permitirá que relate aquí su origen.
Brillar por su ausencia es una locucion que se ha hecho bastante comun en nuestro idioma de algunos años á esta parte, pero que fué inventada por Tacito cuando, haciendo referencia á Casio y Bruto cuyas imágenes no se veían entre las que figuraban en las exequias de Junia, esposa y hermana respectivamente de aquéllos, dijo al final del lib. 3. de sus Anales: «Sed praefulgebant Cassius atque Brutus, eo ips: quod effigies eorum non visebantur.» Es cierto que frase tan bella cuanto significativa pasaba á los ojos de las lenguas neolatinas como si nunca hubiera existido, hasta tanto que los franceses le dieron uuevo sér en el siglo XVII con motivo de honrar la memoria de Arnaud y de Pascal cuya biografía habian conseguido los Jesuitas que se eliminra de la Histoire des hommes illustres por Perrault, y no lo es menos que por haber traducido ellos á su idioma dicho pasaje bajo la forma briller par son absence, hemos caido nosotros en la tentacion de decir brillar por su ausencia, que nuestros clásicos Alamos de Barrientos y Sueyro tradujerou por el verbo resplandecer; pero, de todos motos, el verdadero origen es puramente latino ccmo queda suficientemente demostrado.