labra la idea de aquellos géneros de cuya trama se sacan algunos hilos ó hebras, restringe todavía su significacion á una tela especial, cuyos claros, ó séase la ausencia de hilos, se han tenido ya expresamente en cuenta al ser tejidas; y á la que habiéndose dado en nuestra patria toda la vida de Dios el nombre de cañamazo, afrancesadas nuestras damas de algun tiempo á la fecha más de lo que conviene, han venido en llamar canevas.
Y ya que de raso venimos hablando, permitanos el paciente y discreto lector distraigamos un poco más su atencion con motivo de lo que se nos ocurre aquí, tocante al modo adverbial castellano a roso y velloso.
En nuestro humilde concepto, la citada locucion hubo de enunciarse en un principio de esta manera: á raso y velloso, habiéndola adulterado más adelante el vulgosegun hoy se usa, por efecto del consonante. Y á creerlo así nos induce la disparidad tan notable de significacion que existe entre los términos componentes de dicha frase; pues sabido es que roso equivale á rojo, y raso á im berbe, atendida la correlacion de las palabras en esta ocasion. Ni nos ha de faltar testimonio que venga en apoyo de nuestro aserto; pues tal es la leccion que se echa de ver en el texto y glosa de Juan Martinez de Barros á la 24. de las Coplas de Mingo Revulgo, que, copia da á la letra, dice así, por lo que á nuestro propósito interesa: Yo soñé esta trasnochada, De que estoy estremuloso, Que ni raso ni veiloso Quedará de esta vegadafinge, y dice: que soñó esta madrugada, esto es, que le fué revelado en sueño, de que estaba estremuloso, quiere decir, que estaba espantado y temeroso, que ni naso ni velloso quedará de esta vegada, que quiere decir, que si el pueblo persevera en sus malas obras, de esta vez chi-