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EL ROBINSON SUIZO.

teca, y añadió algunas patatas y varias raíces aromáticas. Entre tanto la fosa se llenó de materias combustibles que hicieron una gran llama, en la que se echaron muchas piedras para que se caldeasen. Mi esposa no hacia más que morderse los labios.

—¡Bonita cocina! exclamó esta al ver todo aquel aparato. ¡Por amor de Dios! ¡qué vais á hacer! ¡Un cerdo entero en un horno de tierra y con piedras por carbones! ¡bueno saldrá ello!

A pesar de estas reflexiones y de la poca confianza que tenia en el buen éxito de la operacion, no dejó de dar algunos consejos para que al ménos se presentase la res en la mesa lo más decentemente posible.

Terminados los preparativos, el cocinero envolvió el asado otaitiano con hojas y cortezas y lo colocó sobre el rescoldo; puso encima las piedras casi calcinadas, cubriéndolo todo con una gruesa capa de tierra para que no penetrase el aire.

Ya no pudo aguantar más la madre al ver la última ceremonia, y medio desesperada, exclamó:

—¡Ahora sí que la habeis emplastado! ¡Está graciosa la cocina! ¡Muy buena será para los salvajes, pero no para personas civilizadas! ¡Qué lástima de cerdo echado á perder!

—Con que es decir, mamá, repuso Federico, que mienten los viajeros que aseguran que este modo de asar es excelente.

—Si mienten ó no, le respondí, pronto lo sabrémos. Entre tanto ayudadme á recomponer esta choza, porque aun nos quedan cuarenta jamones para curar. Y volviéndome á mi esposa, dije:

—Si fueran tan grandes como los del Norte, tendríamos repuesto para dos años; pero es menester contentarse con lo que la Providencia nos envia, además de que á caballo regalado no se le miera el diente.

Merced á nuestro esfuerzos, quedó en estado de recibir la provision. Se prendió fuego en el hogar con gran cantidad de yerba fresca y ramas verdes y se cerró casi herméticamente el chozo para impedir la salida del humo. De cuando en cuando se alimentaba la hoguera, y en dos dias los jamones quedaron tan curados como pudieran estarlo los mejores de Westfalia. Con esto podíamos ya contar con un precioso recurso para la estacion de las lluvias.

El resultado de la operacion culinaria de Federico no se hizo esperar. Al cabo de dos horas se desenterró el maravilloso asado, y el delicioso olor que exhalaba conforme se iban quitando tierra, piedras y ceniza, nos probó que la empresa habia tenido un éxito superior á todas las esperanzas.

Al tratar de adivinar la causa del especial aroma que percibia mi olfato, descubrí que lo habian producido las cortezas empleadas como envoltorio al asado.

Federico habia triunfado. Presentónos un manjar exquisito y en su punto, que