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Página:El arte de amar de Ovidio. Versión directa, prólogo y notas de E. Barriobero y Herrán (1930).pdf/114

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Ovidio
 

de amar, pues tienen la experiencia que es lo único que perfecciona todos los talentos. Reparan con el tocado los ultrajes del tiempo y a fuerza de cuidados logran disfrazar sus años. Sabrán a tu gusto, con mil aptitudes diversas, variar los placeres de Venus; ninguna pintura voluptuosa podría ofrecerte mayor diversidad. En ellas, el placer nace sin provocación irritante, ese placer, el más dulce, el que comparten a la vez la amada y el amante. Odio los arrebatos en los que el efecto no es recíproco, y así las caricias de un adolescente tienen para mí pocos atractivos. Me es antipática la mujer que se entrega por que debe entregarse, y que fría, en el seno del placer piensa todavía en sus ruecas. El placer que se me concede por deber deja para mí de ser un placer, y así dispenso a mi amada de todos los deberes que pudiera tener para conmigo. En cambio, me es muy dulce escuchar la voz emocionada, expresiva del goce que ella siente y suplicarme que retarde mi carrera para prolongar su dicha. ¡Cuánto me gusta verla embriagada de voluptuosidad, fijar sobre mí sus ojos moribundos y languideciente de