ahora en la vejez, que vendrá demasiado pronto, y no perdáis un instante. Mientras podáis y estéis todavía en vuestros años primaverales, procurad pasarlo bien; como el agua, corren los años, y la onda que huye jamás volverá a su sitio; así, la hora que pasa jamás vuelve. Aprovechaos de la bella edad, pues se pasa muy pronto. Cada día es menos bello que aquel que le ha precedido. En los lugares erizados de matas y ortigas he visto florecer la violeta, y aquella maleza espinosa dióme un tiempo suaves coronas. Momento llegará en el que tú, que, joven, hoy rechazas a tu amante, vieja y desolada temblarás por la noche de frío en tu lecho solitario; entonces los amantes rivales, en sus querellas nocturnas, no romperán tu puerta, y por la mañana no encontrarás tu calle sembrada de pétalos de rosas.
De pronto, ¡ay!, nuestro cuerpo se cubre de arrugas. De pronto se borran los colores que brillaban sobre un rostro gracioso. Estos cabellos blancos, que (tú, al menos, así lo juras) datan de tu infancia, te cubrirán bien pronto toda la cabeza. La serpiente, al abandonar su piel, se despoja