rosa tierna, los matices de las plumas de la grulla de Tracia; allí, el color de las castañas de Amarilis, el de sus almendras y el de la tela a la que la cera da su nombre.
Mientras la tierra produce flores nuevas, el invierno se aleja perezoso, y bajo el suave aliento de la primavera la viña se cubre de pámpanos; mientras tanto, y con mayor variedad aún, la lana se cubre de colores. Escoged con gusto, porque los colores no convienen todos igualmente a todas las bellas. El negro sienta bien a las rubias y embelleció a Briseis, pues de negro estaba vestida cuando fué raptada. El blanco conviene a las morenas. El blanco, joh, Andrómeda!, te hacía más encantadora y era el color de tu tocado cuando descendiste en la isla de Seripha.
Estaba a punto de advertiros que tuvieseis cuidado de que vuestras axilas no ofendan al olfato, y de que vuestras piernas no se ericen de pelos; pero no se dirigen mis lecciones a las hembras groseras del Cáucaso ni a las que beben las aguas del Caice. ¿A qué recomendaros que no dejéis, por negligencia, ennegrecer el esmalte de vuestros dientes y que os los lavéis