mientras goces sola de ella; el poder del amor, como el de los reyes, no sufre el ser compartido. El otro, guerrero veterano, amará lentamente y con medida y soportará bien muchas cosas que el soldado bisoño no podría soportar. Jamás le verás romper tus puertas ni quemarlas; sus uñas no ensangrentarán las mejillas delicadas de su amante; no desgarrarán su túnica ni la ropa de aquella a quien ama y los cabellos arrancados jamás serán causa de lágrimas. Tales excesos sólo son permitidos a los adolescentes en el calor de la edad y del amor. Pero el hombre maduro soportará pacientemente las más crueles heridas; arderá en un fuego lento como una antorcha húmeda o como la leña verde que acaba de ser cortada en la cima de las montañas. Este amor es más seguro; el otro es más activo, pero menos duradero; guardaos de coger este fruto efímero.
Que por último la plaza se rinda a discrección; que las puertas sean abiertas al enemigo y que éste se crea seguro aún en el mismo seno de la traición. Los favores concedidos con demasiada facilidad no son muy propios para alimentar largos amores