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Página:El arte de amar de Ovidio. Versión directa, prólogo y notas de E. Barriobero y Herrán (1930).pdf/185

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El arte de amar
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Cuando esté bien sepultado en la embriaguez y el sueño, ya no tendremos que tomar consejo sino del lugar y las circunstancias.

Cuando te levantes para volver a tu casa, todos harán lo mismo; acuérdate de colocarte en medio de la compañía, y allí me encontrarás o yo te encontraré. Entonces, todas las partes de mi cuerpo que puedas tocar, tócalas.

Pero, jay!, que mis instrucciones sólo deben servir para algunas horas. Allí estará la noche imperiosa que va a separarme de mi amada. Su marido va a tenerla encerrada hasta el día, y yo, triste y bañado de lágrimas, sólo podré servirla hasta aquella puerta cruel.

El tomará sus besos y pronto tomará también alguna cosa más que sus besos.

Lo que tú me concedes en secreto, lo exigirá él como un deber; pero no se lo des más que a regañadientes, cuando no tengas otro remedio y como cediendo a la violencia.

Que tus caricias sean mudas, y que Venus se muestre avara con él.

Si mis votos se cumplen, él ningún pla-