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Página:El arte de amar de Ovidio. Versión directa, prólogo y notas de E. Barriobero y Herrán (1930).pdf/36

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Ovidio
 

cuando se elige las piedras preciosas y las telas de púrpura. En pleno día también es cuando hay que juzgar el rostro y la belleza del cuerpo.

¿Podría yo dar cuenta de todas las reuniones que son propicias para la caza de las bellas? Me sería más fácil contar las arenas del mar.

¿Hablaría yo de Bahía (1) y de sus playas, cubiertas siempre de velas, y de sus baños, en donde hierve y humea una onda sulfurosa? Más de un bañero, dolorido de una herida nueva, ha dicho al abandonarlas: "Estas aguas tan alabadas no son tan saludables como se dice." No lejos de las puertas de Roma está el templo de Diana, sombreado por los bosques, imperio adquirido por la espada y por las luchas sangrientas. Porque (1) Bahía, en el golfo de Nápoles, fué una ciudad muy célebre por sus aguas minerales, adoptada como punto de cita por los potentados romanos, que llegaban allí con sus góndolas doradas para hacer ostentación de su lujo y entregarse a los placeres más intensos.

Una Lamentación conocidísima de Lamartine recompone aquel pasado. Se titula El golfo de Bahía