fueses Nireo, tan alabado en la antigüedad por Homero; aunque fueses el tierno Hylas (1), raptado por las culpables Náyades, para asegurar a tu amada y no verte un día con la sorpresa de ser abandonado por ella, has de añadir los dones del espíritu a las ventajas del cuerpo.
La belleza es un bien perecedero; con los años no deja de decrecer, y la altera su propia duración. Las violetas y los lirios abiertos no florecen para siempre, y la rosa, una vez cortada, no deja en el tallo más que espinas. Así, bello adolescente, bien pronto blanquearán tus cabellos. y las arrugas vendrán a sellar tu rostro. Para restaurar tu belleza y conservarla, fórmate un espíritu a prueba del tiempo: éste es el único bien que nos acompaña hasta la tumba. Presta un cuidado asiduo al cultivo de las bellas artes y al estudio de las dos lenguas (2).
(1) La aventura de Hylas Theodamantis, predilecto de Hércules, sirvió de tema y argumento a muchos poetas de la antigüedad, entre otros a Teócrito, Apolonio y Valerio Flaco.
(2) La lengua latina y la griega. El estudio de ésta en los tiempos de Ovidio era indispensable