mará como la prueba más firme de tu amor. Podrás, joh, Leandro!, privarte de ver a tu amada; pero atravesarás a nado los mares para probarle tu valor.
Tampoco hay que desdeñar el arte de ganar las buenas gracias de las criadas, según su rango, y hasta de los simples criados. ¿Qué arriesgas con saludar a cada uno por su nombre? Amante ambicioso, no rehuses el estrechar en tus manos sus manos serviles. Haz también algunos regalos no muy gravosos, y según tus medios, al criado que te los pida. Ofrécelos también a su doncella; recuerda aquel día en que los galos, engañados con el cambio de vestidos de las sirvientas romanas, pagaron el error con su vida. Créeme: pon todos los medios de asociar a tus intereses todo este pueblecillo, sin olvidar al portero ni al esclavo que vela a la puerta de su alcoba.
No te ordeno que hagas ricos presentes a tu amada; ofrécele algunas bagatelas con tal de que sean elegidas con gusto y oportunidad. Cuando la campiña esparce sus riquezas, cuando las ramas de los árboles se inclinan bajo el peso de sus frutos, que