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Página:El arte de amar de Ovidio. Versión directa, prólogo y notas de E. Barriobero y Herrán (1930).pdf/93

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El arte de amar
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sus límites. A ti no te corresponde prohibirle los alimentos ni presentarle un amargo brebaje; deja ese cuidado a tu rival.

Pero el viento al que has confiado tus velas al abandonar el puerto no es el que te conviene cuando bogues en alta mar.

El amor es débil cuando nace; se fortificará con la costumbre; aprende a alimentarlo y con el tiempo será robusto. A este toro que hoy temes, lo acariciabas cuando era joven; este árbol a cuya sombra reposas, no fué al principio sino un esqueje. El hilo de agua, tan delgado cuando parte del manantial, lo engruesan mil arroyos hasta convertirlo en caudaloso río.

Trata de que tu bella se acostumbre a ti; nada hay que tenga más fuerza que la costumbre. Para ganar su corazón no retrocedas ante ningún fastidio. Que te vea sin cesar; que no oiga más que a ti; procura estar día y noche ante su vista. Pero cuando creas con cierto fundamento que te puede echar de menos, entonces aléjate para que tu ausencia le produzca alguna inquietud. Déjale un poco de reposo; el campo al que se deja reposar, devuelve con usura la semilla que se le confía, y una