Aun Me retorcía y ahogaba todavía en un murmullo conveniente mi odio y mi desprecio, cuando, de un golpe, este otro pensamiento Me llenó de una nueva agitación y de un amor tal..., ¡ah, de un amor tal...!
—O bien—pienso Yo—tu inmortalidad, Señora, ha respondido a la inmortalidad de Satanás, y de la misma eternidad le tiende su suave mano?
Tú, divinizada, ¡no has reconocido quizá un amigo en el que se ha humanizado? Tú, que te elevas en las alturas, ¡no has tenido piedad del que se precipita? ¡Oh Virgen, pon tu mano sobre mi cabeza tenebrosa para que Yo te reconozca al contacto!Escucha lo que ha sucedido después, en la noche: — Ignoro por qué María haya comenzado a amarme. Es un misterio de su alma, inaccesible a mi comprensión. Sí, no comprendo, pero me inclino ante su voluntad como ante una revelación. ¿Qué son mis ojos humanos frente a su mirada, que todo lo penetra, míster Wunderhood?...
(¡También él hablaba así!) —Hace un momento, en un ímpetu de ira, he hablado de homicidio y de muerte... No, míster Wunderhood, puede estar seguro para siempre: el que María ha elegido es inviolable para mí; más que la ley le protege su corazón puro. Claro que le rogaré nos deje inmediatamente creo en su honradez, Wunderhood—y que ponga entre nosotros y usted, como obstáculo, el océano...
—Pero...