sencillamente fué decir sí». Pero sigamos: como sabes, sólo los hombres violan sus contratos; los diablos los respetan... ¡Acuérdate de todos tus héroes peludos y cornudos y de la honradez espartana de ellos! Afortunadamente—decimos afortunadamente que no fijé... por cuánto tiempo.
Lo juro por la salvación eterna: sería un pésimo rey si al construir un palacio no me reservase una salida secreta, una puertecita, una modesta hendedura por donde escapar los reyes inteligentes cuando se les sublevan los súbditos e irrumpen en Versalles.
No me mataré mañana. Quizá pasará todavía mucho tiempo: de los dos muros, todavía no he superado sino el más bajo, y vivo ahora una vida humana contigo, compañero. Mi experiencia terrestre no es grande, y—¡quién sabe!—hasta es posible que la vida humana Me agrade mucho. ¡Es que no tengo el ejemplo de mi querido Toppy, que llegó hasta la vejez, teniendo un fin tranquilo? ¿Por qué entonces Yo—superando todas las edades como las estaciones del año—no he de poder alcanzar una vejez veneranda y canosa, convirtiéndome en un sabio maestro cargado de sentencias y de esolerosis?
¡Ah!, estas ridículas esclerosis, enfermedades seniles, quieren meterme miedo; pero podré habituarme durante la travesía por la vida y hasta podré amarlas. Todo el mundo dice que la vida se habitúa uno fácilmente: ¡probaré Yo también! Aquí está todo tan bien dispuesto que después de la llu