Esta página no ha sido corregida
135
Ave, Csar! Ave, Csar!
El látigo cortante rasga el aire y golpea mis espaldas; caigo de bruces dando un alarido de dolor.
¿Ha sido un Amo quien me ha golpeado? No, ha sido otro esclavo, a quien habían ordenado que azotara al esclavo; pero pronto estará el látigo en Mis manos, y también sus espaldas se cubrirán de sangre, y entonces le tocará a él morder el polvo que cruje ahora entre mis dientes.
¡Oh María, María, qué espantosamente me tientas!