que importa es la línea, lo que importa es el instante, cuando ante la misma muerte yo me sienta inmortal porque seré más grande que la vida. Es extraño: con un solo levantar la cabeza, con una pequeña frase dicha o pensada intempestivamente puedo yo desligar a mi espíritu de lo que me circunda, y toda la desagradable operación se desarrollará fuera de mí. Y cuando la muerte haga saltar el interruptor, las tinieblas no cubrirán la luz que, libre, andará dispersa por el espacio para volver a nacer y brillar todavía... ¡Pero dónde?
Extraño, extraño... Proviniendo del hombre, ya me tenéis de cabeza ante el muro del delirio, que sólo Satanás conoce. Pero, ¡qué gran trascenden cia tiene la pose! ¡Pero seguirá siendo tan convincente y no perderá en plasticidad si a la muerte, a los soldados y al verdugo se los substituye con otra cosa?...; por ejemplo: —Aquí tenéis mi cara: ¡abofeteadla!
No sé por qué me preocupa tanto mi cara; pero lo cierto es que me preocupa mucho, te lo confieso, joh hombre!, me preocupa excesivamente... No, tonterías. Eliminaré de la circulación al espíritu.
¡Que peguer, que peguen! Cuando el espíritu está eliminado, entonces la cosa no resulta más ofensiva y dolorosa que si golpearas mi gabán colgado en la percha...Pero he olvidado por completo que no estoy solo y me he sumergido inconvenientemente en la meditación, como si no me encontrara en tu compañía. Hace ya media hora que me callo de