¡Ah!, pero tú lo has olvidado todo y te estás haciendo un lío, Toppy. ¡No te acuerdas de la recitación? ¿Qué quería recitar yo?
— Sí, ha hablado usted de algo parecido. Pero me parecía entonces que estaba de broma.
— No, no bromeaba, pero me he equivocado.
Aquí se recita, pero esto no es un teatro. Esto es una casa de juego, Toppy: yo entrego mi dinero a Magnus, que hace de croupier, comprendes? El es mi croupier y tiene el juego, pero las apuestas son mías... Así es la vida, ¿qué le vas a hacer?
El viejo bufón parece no comprender nada. Después de mover tres veces las cejas, con esfuerzo, me pregunta, pensativo: —¿Y cuándo es su boda con la señorita María?
—No sé todavía, Toppy. Pero no se trata de esto.
Veo que algo te deja descontento. ¡No tienes confianza en Magnus?
—¡Oh, el señor Magnus es un hombre de mucho mérito! Pero le diré, míster Wunderhood, si me permite ser sincero, que temo una cosa. El es un incrédulo. Parece extraño que el padre de María pueda ser un incrédulo, pero es así. Permítame un ruego: dé algo a Su Eminencia.
— Eso depende de Magnus.
—¡Ah!, ¿del señor Magnus? Ya, ya. ¿Sabía usted que Su Eminencia ha venido a ver al señor Magnus? Fué uno de estos últimos días, y se encerró con él en el estudio cerca de una hora; no estaba usted en casa.
— No, nada sabía. No hemos hablado todavía