Ir al contenido

Página:El diario de Satanás.djvu/158

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
154
 

simple felicidad del amor terreno. ¿Por qué he regalado mi dinero a este señor? ¡Qué tontería!

Miré de reojo a Magnus; me pareció extraño: «volveré a coger mi dinero». Pero a poco percibí el rostro severo de María, y la incompatibilidad de su amor con la implantación de una felicidad tan modesta y pequeña me pareció tan manifiesta que comprendí la inutilidad de responder a la pregunta que me había planteado antes.

Quizá este mezquino pensamiento me ha venido a la mente como una de las curiosidades del «toppismo lo llamaré «toppismos en honor a mi perfectísimo Toppy.

La noche estaba maravillosa. María, a instancias de Magnus, cantaba, y tú no puedes imaginarte con qué veneración la escuchaba Toppy. El no se atrevió a decir nada a María; pero al retirarse para irse a la cama estrechó largo rato y de un modo muy expresivo la gran mano de Magnus. Yo también me levanté para retirarme a mis habitaciones.

—Va usted a trabajar, Magnus?

—No. Si no tiene ganas de dormir, venga a mi cuarto, charlaremos. A propósito, tiene que firmarme un documento.

—¡Oh, encantado, Magnus! Sabe que me gustan mucho los coloquios nocturnos.

Hemos bebido vino. Magnus silbaba alguna cosa sin sentido, se movía sobre la alfombra sin hacer ruido; yo, como de costumbre, estaba hundido en la poltrona. El palacio estaba mudo como un sar