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Página:El diario de Satanás.djvu/219

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Siéntate, siéntate. La llamaré en seguida. No hay ningún criado en casa.

Y diciendo esto golpeó ligeramente en la puerta.

Apareció la cabeza de uno de sus colaboradores, y se retiró en seguida. Con el mismo aire de cansancio Magnus volvió a su puesto, y dando un suspiro dijo: —En seguida viene.

Permanecimos en silencio. Miraba yo a la puerta, cuando hete, que se abre y entra María. Con paso ligero me dirijo a ella y me inclino profundamente sobre su mano.

Magnus grita: —¡No le bese la mano!

27 de mayo.

Ayer no pude acabar. ¡No os riáis! Aquella simple frase: ¡No le bese la mano!» me pareció la cosa más espantosa que lengua humana haya podido pronunciar. Obró en mí mágicamente, como un exorcismo. Cuando resuena dentro de mí me interrumpe, anula el estado en que me encuentro y me transfiere a uno distinto. Si estaba hablando, callo, como enmudecido de pronto. Si andaba, me paro.

Si estaba quieto, corro. Si esta frase resuena durante el sueño, entonces, por muy profundo que éste sea, me despierto y no me vuelvo a dormir más.

Y son palabras muy sencillas, extraordinariam ente sencillas: No le bese la mano!» Escucha ahora lo que sucedió después.

Me incliné sobre la mano de María. Y la exclamaDigilized by Google