ese mar de mentiras que es vuestra vida; no habrá sobre la tierra un pie que pueda aplastarte, gusano cabelludo. ¡Bueno! Aquí, hasta yo soy impotente.
Pero un día llegará en que marcharás de esta tierra.
Y cuando vengas a mí y entres en la sombra de mi reino...
—¿De tu reino? Espera, Wunderhood... ¡Pero quién eres tú?
Entonces se realizó el hecho más bajo de mi vida terrena. Sí, es ridículo, es vergonzoso que Satanás, aunque humanizado, hinque las rodillas adorando a una prostituta y se deje robar por el primer carterista que se encuentra. Sí, esto es vergonzoso y ridículo para el sabio Satanás, que ha traído consigo el soplo de la eternidad. ¿Pero qué dirías de Satanás que se hace un impotente y miserable embustero y ciñe con gran estrépito la corona de cartón de un rey de teatro? Me avergüenzo, ¡oh hombre! Golpéame con una de tus bofetadas, con las que nutres a tus amigos y a los bufones pagados. ¿O fué acaso la manga desprendida la que suscitó en mí aquella furia miserable e imprudente? ¿O quizá fué precisamente aquél el último momento de la humanización, cuando el espíritu baja a la tierra, barre el polvo y las inmundicias? ¿O quizá el derrumbamiento de la Virgen, al que había asistido, atrajo también a Satanás en el mismo abismo?
He aquí ¡figúrate!—lo que respondí a Magnus.
Hinchando mi pecho dentro de la camisa desgarrada, sosteniendo la manga para no dejarla caer definitivamente, mirando severa y amenazadora